Estas construcciones en forma de palacios o de palacios-fortaleza pertenecieron a otras tantas familias de nuestra nobleza española, tales como la de Altamira, Camarasa, Mendoza, etc. Se concebirían para resaltar la figura del "señor" en aquellos momentos de cierto "relumbrón" a causa de los progresos reconquistadores, muy avanzado en esas fechas o, tal vez, ya casi conseguido en su totalidad.
Es posible que de no haber concurrido esta circunstancia, que daba cierta seguridad para instalarse de forma definitiva en estas tierras, estos palacios de la nobleza habrían corrido la misma suerte que los castillos, y casi hubieran desaparecido. Pero no ha sucedido eso con los palacios o palacios-fortaleza, que han sido, o la serán, objeto de grandes remodelaciones en un futuro próximo, para que conserve o recuperen su auténtica fisionomía.
Niebla debió ser, junto a algunos ejemplos de la bahía gaditana, el gran modelo a seguir. La ciudad hispanomusulmana de Lebla ya jugó un papel clave en tiempos de los almohades y de la taifa de Ibn Mahfot. Tras la cerca y toma de la villa por Alfonso X, en 1262, y presionado el monarca por el litigio con Portugal a causa de la posesión del Algarve, Niebla se entregó a su hija Doña Beatriz. Con posterioridad, todo el territorio se incorporó a Pedro I y, fallecido este en Montiel, el primer Trastamara dio el Condado de Niebla a los Guzmanes. Así pues, a un periodo de predominio realengo, siguió otro desde 1368 de señorialización profunda y estable. Pero la villa cabecera del Condado decaía irremisiblemente y los señores dejarán pronto de elegirla como residencia. "Además -según el mismo testimonio de Cristóbal Jurado-, durante la estancia en Niebla (del mismo Don Enrique) hizo en la villa de Beas -hacia la parte de Nuestra Señora de los Clarines- otro Alcázar, que hermoseó con sus torres y muros que no pudo concluir. Este mismo Conde fue el que levantó y restauró la fortaleza de
Trigueros..., viviendo grandes temporadas en sus palacios de Sanlúcar y Niebla". En sus posesiones gaditanas los Medinasidonia también habían adquirido una larga experiencia constructiva. Guzmán el Bueno mandó construir las cercas y murallas de Sanlúcar entre fines del siglo XII y comienzos del XIV. A la iniciativa del propio don Enrique se debe la elección del castillo de Santiago en la capital del ducado, entre 1477 y 1478. Proceso que se repetiría en Rota con el castillo de la Luna. El recinto amurallado de Niebla, reparado tras la conquista, tuvo cinco puertas y un total de 46 torres cuadradas, rectangulares y octogonales, albergando en su interior las cuatro parroquias de Santa María, San Miguel, Santiago y San Lorenzo. En el costado septentrional se encuentra este Alcázar de los Guzmanes. Es probable que, aunque levantado en el siglo XV, como consta en diversos documentos, en su solar hubiera existido con anterioridad una ciudadela romana y una fortaleza visigoda. Así lo describe Marín Fidalgo:
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