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A pesar de que las más recientes excavaciones se encuentran en proceso de estudio, se evidencia que la ciudad ha pasado por sucesivas etapas en las que su evolución en el plano horizontal, y su consiguiente extensión, ha variado considerablemente con respecto de un periodo a otro. Las excavacions anteriores habían confirmado la localización de las ciudades protohistóricas y romana en la zona N del tell, pero con los nuevos datos obtenidos, la ocupación intramuros previa al periodo plenimedieval no debió ser más amplia que el actual espacio delimitador, aproximadamente. Por la cota de los 40m sobre el nivel del mar en el extremo SE, interpretándose que el último espacio amurallado sólo es el reflejo de una posible expansión que debería situarse con posterioridad, tal vez entre los siglos XII-XIII. Dado que se había interpretado que el trazado de manzanas y calles que ahora se observa reflejaba la trama urbana romana, que por ello no debía haber sido modificada durante la ocupación musulmana, el centro de la ciudad antigua anterior a la mencionada expansión de los siglos XII-XIII no debe situarse en el eje Puerta Socorro-Plaza de Santa María-Puerta del Agua, sino con mayor probabilidad más al N, siendo quizás dicho eje una parte exterior al pomerium romano.
Ello conlleva que la urbanística actual sólo es la heredada de su ocupación más reciente, dado que, como ya a finales del siglo pasado había culminado la degradación urbanística de la población, al menos en su expresión cuantitativa, existían en esos momentos grandes espacios situados intramuros sin ocupar, y sólo han sido incorporados a la superficie urbana en las últimas décadas, con la lógica construcción normalizada contemporánea. Así, hay que recordar los nombres de algunas calles o zonas, como Campo Castillo, Olivar de..., Huertos de..., que indican su vinculación a zonas cultivadas o vacías hasta hace poco en el interior del recinto amurallado. De ello se deduce que la expansión que refleja el trazado de tapia es posible que coincidiese con la máxima expansión territorial de la Labla de Ibn Mahfoz, y que la del periodo califal y del de los reinos taifas no fuese mayor que sus precedentes romanos y preromanos, es decir, sólo en el espacio delimitado por la cota de los 40m, cuyo reflejo arqueológico es la existencia en ese espacio de su compleja formación tipo tell de más de siete metros de potencia, mientras que en la zona occidental apenas existían acumulaciones antiguas. Esta última muralla islámica, cuyo trazado se conserva prácticamente íntegro, abarca una superficie aprox. de 16 Has. |