La Mezquita-Iglesia de Santa María de la Granada fue así mismo declarada, con fecha 4 de Junio de 1931, Monumento Histórico-Artístico por el Gobierno de la República junto con otros edificios de la Provincia de Huelva, publicado en la Gaceta de Madrid de esa fecha, número 155. De forma más genérica, durante la dictadura del General Franco, el Castillo y Murallas de Niebla fueron declarados Monumentos Histórico-Artístico por decreto de 14 de Abril de 1945, disposición que fue publicada en el Boletín Oficial del Estado de fecha 20 de Abril. Con fecha 5 de Septiembre de 1979, se incoa expediente de Conjunto Histórico-Artístico por resolución de la Dirección General del Patrimonio Histórico-Artístico y Museos, publicándose en el Boletín Oficial del Estado declaración del Conjunto por Real Decreto 559/1982 de 1º de Febrero de 1982, con fecha 18 de Marzo del mismo año. No obstante, hasta el año 1982, en el que se incoa el expediente de Conjunto Histórico-Artístico de la Ciudad de Niebla, esto antecedentes no resultaban suficientemente operativos al estar basados en el variado cuerpo de leyes y normativas vigentes en el momento de su publicación oficial. A partir del traspaso de competencias a la Junta de Andalucía, el Conjunto Histórico-Artístico de la Ciudad de Niebla queda amparado por la ley del Patrimonio Histórico de Andalucía de 3 de Julio de 1991.
Los recintos protohistóricos: La localización de al menos dos recintos prerromanos es un logro de la investigación arqueológica. El más antiguo aparece en la zona del Desembarcadero como una muralla de mampuestos a seco en talud que se apoya directamente sobre el sustrato estéril de calcarenitas, las cuales en forma de balcón sobre el río le sirven de sostén. Sobre este muro conocido, en unos pocos metros solamente, construido entre el periodo orientalizante y el turdetano, aparece un monumental pie de amigo con sillares ciclópeos y mampuestos más pequeños a seco que aumentan el grosor del anterior, conformándose como muro de retención de un amplio frente sobre las calcarenitas en forma de superficie ataludada. En su parte superior se han documentado su continuidad como muro defensivo de casamatas, tal vez perimétrico, que tiene precedentes orientales. Ambos muros conforman uno de los ejemplos más interesantes de la poliorcética de los siglos IX-V a.C., quizás el único caso tan bien conservado del SW peninsular.
El recinto romano: No existen rastros visibles de cierta importancia del recinto romano deducido de las Fuentes clásicas, en las que Ilipla titulada parvum oppidum. No obstante, la existencia de sillares almohadillados de posible factura romana en la base de la Puerta de Sevilla, así como los restos donde se apoya el tramo de tapial de la zona denominada Callejón de la Ollita, y los documentados en la antigua calle Calvo Sotelo, 1-3, este recinto podrá ser excavado en los futuros trabajos arqueológicos previstos. Por lo que ahora se conoce, esta muralla romana debía estar conformada con sillares y mampuestos trabados, con torres macizas situadas a intervalos regulares. El primer recinto murario islámico (¿Califal?): La mayor parte de este recinto es visible en la zona de El Desembarcadero, conformándose como obra de silla/sillarejo, sobre la que se superponen tramos de tapial del recinto posterior de tapia. En la zona localizada en la talud que mira al río, parte de su cubrición pétrea ha desaparecido, dejando al descubierto los niveles arqueológicos del periodo. Las muralla plenomedievales: Se trata del último perímetro edificado sobre la muralla de sillares anterior, conservándose el perímetro en su totalidad, excepto en el ángulo NO donde estaría la alcazaba destruida para levantar el alcázar cristiano y su correspondiente barbacana. A resultas de la toma de la ciudad en 1154 por Abú-Zacarya ben Yuma, al quedar tal vez muy dañado el cerco, hizo necesaria su reparación o que se planificase la construcción de uno nuevo durante el periodo almohade.
De todas formas, debido a los problemas que emanan de una investigación casi inexistente, se mantiene la duda si el nuevo recinto de tapial fue construido en época almorávide y sólo fue remodelado posteriormente durante el periodo almohade, con lo que es difícil poder distinguir qué zona de la muralla podría ser atribuida a un momento y otro, incluso investigaciones recientes hacen pensar que una buena parte del recinto se edificara ya en los tiempos de Ibn-Mahfoh. Sin duda, las puertas en recodo, como la de Sevilla, El Agua, El Buey, El Socorro o El Desembarcadero, siguen las técnicas de la poliorcética almohade del siglo XVIII, según se ha documentado en otras ciudades hispano musulmanas (GONZALO, 1986). Fundamentalmente se dispone como cerca en tapia, los ladrillos y sillares donde fueron necesarios, apoyada sobre el sustrato de calcarenitas, sobre cimientos construidos ex profeso en el sustrato de formaciones arqueológicas previas, o también sobre estructuras murarias anteriores. A lo largo del recinto se dispusieron hasta 46 torres cuadradas avanzadas y dos de planta octogonal, así como cinco puertas en recodo, que es donde con una mayor profusión se utilizaron sillares, en muchos casos reutilizados de edificios anteriores, y ladrillo. En momentos más recientes se hizo además un portillo en la zona N que mira al antiguo arrabal, denominado del Agujero, y también se abrieron dos vanos en la cerca, junto a la puertas del Buey y del Socorro, y otro en el paño exterior de la de Sevilla, para facilitar así el acceso de tráfico rodado directamente a la ciudad. El perímetro defensivo de la medina se completa con una alcazaba que estaba situada en el mismo lugar donde se conserva el Alcázar de los Guzmán. No existen datos que confirmen que la alcazaba islámica fuese reparada con posterioridad a la conquista por Alfonso X en 1262, pero en el siglo siguiente se mantenía en pie, ya que en 1320, sería tomada por asalto por la oligarquía de la villa para deponer a los nuevos alcaides nombrados por el infante Don Felipe, tutor de Alfonso XI.
Se encuentra en buen estado de conservación después de las restauraciones que se han efectuado en los últimos años. Es de estructura rectangular central dividida por un muro interior que separa el patio de armas de las lujosas dependencias domésticas destinadas a palacio. Esta estructura principal presenta diez torres, seis de ellas cuadradas, dispuestas en las esquinas, incluyendo la del homenaje, y dos más situadas en los extremos del muro interior; las cuatro restantes son cubos semicirculares alternadas con las anteriores. Desde la torre del homenaje y de la situada en el ángulo NO se prolongan los muros para formar un nuevo recinto o barbacana que envuelve la construcción central por los dos lados E,S, y O. A su vez, este nuevo recinto consta de seis torres y se une a la muralla almohade cerca de las puertas de Sevilla y la del Socorro. La edificación se completaba con barbacana y adarve construidos a finales del siglo XV. Su construcción comienza en el año 1402, cuando Don Enrique de Guzmán, el segundo duque de Medina sidonia y cuarto de Niebla,... derribó el Alcázar Viejo dándole la forma que hoy tiene, haciendo un palacio real magnífico, dejando la parte más interesante y fastuosa del tiempo de los árabes, reconstruyendo espléndidamente la torre del homenaje de los árabes y dejándola tan hermosa que igualaba en esplendidez a la Giralda de Sevilla (hoy llamada todavía murete de la Reina). Estaba adornada de magnífica puerta de estilo gótico florido, rematándola el escudo de la casa condal orlado de castillo y leones, preciosos balconajes con antepechos góticos de encajes de piedra viéndose en la parte superior un barandal de primorosa labor con mucho parecido a los que todavía tienen y se ven en la casa solariega llamada el Cordón en Burgos y en el maravilloso Monasterio de las Huelgas (MARÍN, 1982).
Se trata pues de una obra monumental, tal vez la más importante construida en el siglo XV, lo cual avala la riqueza e importancia del linaje de los Guzmán, que quisieron hacer a la ciudad condal diga de sus titulares. En su obra se emplea piedra local como elemento constructivo principal, destacando la obra de sillares que se disponen en las partes más bajas de muros y torres, de los que algunos pudieron pertenecer a otras anteriores. Aunque la estructura que se conserva puede parecer austera, ya que se han perdido las zonas más altas donde se abría una mayor profusión en adornos, todavía hoy resaltan las troneras con la representación de la cruz y orbe, utilizada por los Guzmán en sus palacios y castillos. Según consta en un documento de comienzos del siglo XVII conservación, por lo que en él se planteaba la necesidad de restaurarla para devolverle su esplendor. Este documento es una muestra muy importante para conocer la distribución del edificio; en la zona palaciega, hoy perdida, se alzaba un edificio con patio central porticado en el que aparecían los aposentos condales, aula para la administración de justicia, comedor, cocinas, salas, etc. Entre ellos destaca el salón de la media naranja dorada, tal vez llamada así por el artesonado mudéjar que debía cubrirla, donde el Conde impartiría justicia, recibiendo a dignatarios y a sus vasallos en los periodos en que la moraron.
También es interesante que en dicho documento no aparezca claramente el tramo de barbacana que actualmente cierra el perímetro del alcázar por sus lados N y E, por lo que sin duda construido con posterioridad para su defensa durante las guerras con los portugueses, ya que esta nueva barbacana, con planta quebrada y muros en talud, responde a las leyes de la poliorcética que se harán imprescindibles con las nuevas armas de artillería a partir del citado siglo XVII, muy bien representada en las fortalezas fronterizas erigidas al E del río Guadiana. En su trazado aparecen dos sótanos superpuestos para alojar piezas de artillería en el primero y como almacén en el segundo, que deberá quedar parcialmente soterrado o delante de un foso que complementaba la defensa del alcázar. Las nuevas obras de restauración que se realizan en estas permitirán instalar en ellos parte del futuro Museo de la Ciudad de la Pólvora. En la fortaleza hay que resaltar las dimensiones de la base de su torre del homenaje, que con lógica fue tenida como la segunda en altura de Andalucía antes de su destrucción en 1755 por un terremoto, y los daños posteriores hechos por las tropas francesas en 1812, que al mando del Mariscal Soult se había hecho fuerte en la ciudad, al volar el polvorín que habían situado en ella (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891), cuando es sitiada por el General Lacy al servicio de la corona española.
Se trata de uno de los edificios que con más transformaciones nos ha legado la ciudad. No ha sido nunca estudiado en profundidad, pero por su localización en uno de los puntos más estratégicos de la ciudad, y los restos conservados, representan importantes claves para el conocimiento de su evolución a lo largo de la Historia.
En la década de los años veinte del presente siglo, al encontrarse en ruina y sin culto, se comenzó a derribar para facilitar la circulación del tráfico rodado, quedando sólo en pie parte del ábside en la cabecera y la primitiva puerta central de acceso en los pies de la iglesia, perdiéndose desde esos momentos la parte central de las tres naves cristianas y el crucero, que todavía se encontraba en buen estado a finales del siglo XIX, según fotografía publicada por Amador de los Ríos. Los restos paleocristianos y visigodos empotrados en sus muro llevaron a amador de los Ríos a considerar la existencia en el lugar de un primitivo templo cristiano, quizás la sede episcopal de la Elepla visigoda, que habría servido de base para la construcción de una de las principales mezquitas de la Labla musulmana, construida con cinco naves y almina. La transformación al culto cristiano después de la conquista, con planta latina y un ábside en cantería de gran calidad y presencia, conllevaría un importante cambio en su fisonomía, tal vez su derribo completo o de parte de sus posibles cinco naves, adaptación del alminar a campanario, elevación de alturas, tapiado de puertas, etc.
La puerta conservada a los pies de la nave central está fabricada con ladrillo y mantiene una forma típicamente musulmana, con doble arco de herradura enjarjada sobre macelas de mármol, alfiz, recuadro doblado y cenefa de lacería. Dada su comparación con otras puertas del sur de la Península hacen sospechar que se trate de una obra mudéjar del siglo XIV, posterior por ello a la conquista cristiana. Según las fotografías de finales del siglo XIX conservadas, la iglesia constaría de tres naves, con la central elevada a mayor altura que las laterales. El que aparezcan conformadas con arcos de herradura apuntada podría fecharlas alrededor del año 1400.
El ábside, que parece ser la parte más monumental de la iglesia, no es corriente en el gótico onubense. Sin embargo, presenta planta dodecágono con bóveda carente de nervio de espinazo, como es normal en el gótico de las provincias de Sevilla y Huelva. Algunos de los detalles, paralelizbles en la Catedral de Sevilla, lo fecharían en el primer cuarto del siglo XV. Posiblemente, la historia arquitectónica se podría reconstruir como sigue:
En este edificio religioso se aunan dos estilos contrapuestos que lo dotan de una estética bella, a pesar de su austeridad.
El primero de ellos fue mezquita, tal vez también con cinco naves originales y una sexta posterior, así como alminar. De este periodo se conserva gran parte de los muros laterales, con el mihrab en el muro de la quibla y otro hueco donde se guardaba el alminbar, que era un púlpito de madera móvil desde donde se predicaba. También se conserva el arranque de los arcos que daban paso al sahn, las galerías orientales, y los canes del alero de cubierta.
Tras la conquista cristiana en un primer momento se elevó y reforzó al alminar para que soportase el peso de las campanas, cubriendo la estructura anterior. Con posterioridad, tal vez en el siglo XV, se derribaron los arcos de las naves centrales y se construyó una iglesia de planta de tres naves de mayor altura y ábside gótico-mudéjar de gran trazado, con bóveda estrellada, que se terminaría en 1515. Durante la guerra civil española se quemó un interesante artesonado mudéjar.
El arco principal es de perfil apuntado y molduración gótica, que se abría a una única nave con artesonado mudéjar de par y nudillo. En el teslero de la derecha se abría a otra nave desaparecida hoy, donde se localiza hoy un patio porticado neclásico. En los siglos XVII y XVIII el edificio fue ampliado, aunque repitiendo los módulos medievales anteriores
Los orígenes de este puente son romanos según se desprende de un somero análisis de algunas de sus partes, aunque se actuó sobre alguna de ésta en épocas posteriores, incluso en el presente siglo después de su voladura en la Guerra Civil española, reutilizando sus materiales o trazando nuevos arcos tal vez por el derrumbe o ruina de los originales. En este puente es interesante resaltar los elementos romanos todavía visibles en la zona situada más al Este, conservados en su integridad. Se observan varios arcos con estructura de medio punto, en los que se integran dovelas de gran tamaño, perfectamente dispuestas. Estos otros arcos, aunque su trazado sea de medio punto o de tipo apuntado, pertenecen a reparaciones islámicas y posteriores.
|