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Aunque en proporciones bien diferentes, pan, carne, vino y pescado, que no faltan en el condado, constituyen la base de la alimentación de todos los grupos sociales. Escasean las frutas y verduras y aún faltan los ricos productos americanos, que llegarán aquí antes que a ningún sitio. Pero Niebla, además, contó, como en tantas otras cosas, con la rica tradición culinaria musulmana, que asimiló a sus costumbres. En la cocina alcázar, junto a ollas podridas y asados, los cocineros se esmeraban preparando riquísimos alfajores y pestiños, albóndigas con comino, gachas de carne y sémola, cuscús, empanadas de guisantes y merluza, pescado al cilantro verde o berenjenas rellenas. Alimento de ricos y pobres, del cuerpo y del espíritu, el pan resume en sí mismo todas las aspiraciones y condicionantes de la vida del hombre bajomedieval. Podía ser consumido, además, en forma de gachas, sopas, tortas, polentas, etc. Cuando escasea es como si no existiesen los restantes productos con los que satisfacer sus necesidades alimentarias. La carne y el pan son los dos alimentos por excelencia del mundo medieval, aunque ocupan puestos totalmente opuestos dentro de la jerarquía alimentaria de la época. La sociedad está regida por la nobleza, que ve en la carne el producto que les aportaba fuerza física y moral. Se produjo, así, la identificación de la nobleza con el consumo de carnes. La penitencia a "pan y agua" supone por ello un claro oprobio, salvo que el ayuno de carne fuera voluntario, como ocurre en una comunidad religiosa, o se produjera en época de Cuaresma o en días de abstinencia. Por su parte, el vino es, uno de los componentes del ideario cristiano medieval, uno de sus símbolos, por lo que, cuando se bebe se está contribuyendo al milagro de la salvación personal, de la salud espiritual. Es un revitalizante y su consumo se aconsejaba para quienes realizan trabajos que precisan mucha fuerza, por ejemplo los soldados, o aquéllos que están enfermos o débiles. Sin embargo, en numerosas ocasiones es criticado severamente su abuso, pues lleva al desorden, la lujuria y trae como consecuencia no sólo la ruina moral y espiritual de la persona, sino también la física. El pescado es por igual un producto simbólico dentro de la cultura cristiana medieval. La figura del pez se identifica entre los primeros cristianos con el Salvador y sus seguidores. En la Edad Media, surgió la prescripción de los días de abstinencia y Cuaresma, para sustituir a la carne. Con todo, la rigurosidad de la observancia fue decayendo, debido, quizás, a la extensión paralela de la compra-venta de bulas de exención. La actividad pesquera en la Edad Media bajoandaluza es intensa, el privilegio exclusivo de la pesca de atunes corresponde precisamente a los Medinasidonia -los señores de Niebla-, debido no sólo a la abundancia de pescado y a su fácil acceso sino también a motivos de tipo cultural y religioso. |